Algo curioso pasó, esperé todo el día y al llegar había lluvia, había un camino largo y mucho lodo y había gente contenta y bella compañía. Yo, como casi siempre, sola llorando de miles de emociones en mi pecho, de miles de recuerdos en mis ojos... humedad, sí humedad, esa que llena mi existencia y de pronto la felicidad. Con miles de luciérnagas en el cielo intermitentes y hermosas. En el suelo, todo un cementerio de ilusiones que se dejan tocar. 

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