Creo que nunca les había contado, pero seguro se han dado cuenta los que me conocen que tengo unos super pies, sí, de esos que les gusta caminar en otros países, junto a otros pies y que aman su ciudad a cada cuadra de cemento o de pasto o de agua o de arena... son de esos pies que aman llegar a casa y ponerse algo cómodo o tocar las sábanas limpias y frescas, de esos pies que aman la sensación del agua del mar o de la alberca y de cada mañana al entrar a la regadera o que A los bese y les haga cosquillas para despertar ¡uf! y aman esas veces que unas manitas ajenas ponen los calcetines o los tenis...también, sí también son unos pies que lamentan no correr a cierto ritmo como A que corre veloz cada mañana, realmente si hablo de lamentar serían muchas cosas las que mis pies lamentan pero esas ya han sido bastante lamentadas en otros años y bastante vergonzosas. Por otra y la misma parte les quería platicar que aparte de ser super pies son grandes, grandes pies en tamaño debido a un síndrome que seguramente ustedes que me leen y que son dos o tres me conocen muy bien y me han acompañado en alguna aventura que me ha traído este síndrome a veces tan doloroso; por eso, por ese apoyo y compañía ¡GRACIAS!
Bueno pues ese tener los pies grandes me ha llevado mucho tiempo a no usar zapatos lindos y coquetos por ende a no usar falditas y vestidos, cosa que no podía poner en movimiento, pero justo hoy recordé el destello de una dulce estrella cómo poner en marcha las cosas a mi favor y adaptarme.

No hay comentarios:
Publicar un comentario