Es un inmenso
entendimiento referido a la
nación ajena a uno mismo a través
de estas palabras: sociedad de clases, aún, sí, por completo. Es ver. Sufrir, no poder evitar el
sufrimiento. Es sentir deseos de
matar y abolir la pena de muerte. Es haber perdido
y saberlo, saber el valor irreversible de la derrota y, por tierra quemada, avanzar, avanzar más que
nunca –antes- se había avanzado. Es no
conseguir nunca admitir la totalidad de lo que es
natural, la diferencia de
los climas, la del
reparto de riquezas, la del color
de las pieles . Curiosamente, es haber perdido
a Dios menos
que la derecha, que reivindica la fe. Y eso sin duda a
causa de ese fabuloso
desencanto ideológico que conocimos
antes: Dios no estaba
lejos. Es también haber perdido. La
izquierda ha perdido todos sus pueblos, todo su sentido, toda
su sangre…La izquierda es también la esperanza en la aniquilación de la esperanza. Es edificar
esa esperanza aniquilada…La izquierda nunca más será
ya la veneración personal. Ser de
izquierda es no tener jefe. Lo olvidaba: es tener un inmenso entendimiento referido también a
los animales, a las ideas, al
tratamiento a escala planetaria,
de las ballenas, de los
árboles, del aire. Es no poder
actuar de otro modo, nunca,
en ningún caso. Es no poder
imaginar la mirada de
los hombres de bien de
la derecha tranquila, no poder
entrar en su
cabeza ni en su
conducta. Eso nunca es posible.
Es ese
fabuloso desencanto del que antes he
dicho que nos ha
acercado a Dios. Es
haber arrastrado tras de sí un
paraje de desesperación. Es eso, una
ciencia de la desesperación.
Es también un exilio. Un exilio del hombre en
otro hombre o en sí mismo. Es
también jugar. Es el placer,
muy fuerte. Es lanzarse a
escuchar al otro, aunque sea
un enemigo, no poder hacer
otra cosa. Es saber e
ignorar al mismo tiempo. Y conocer esta
ignorancia como lo esencial de la
andadura hacia el conocimiento. Es decir
lo que digo ahora, que no
quiere decir nada y que quiere
decir y, haciéndolo, dice. Es haber
cometido errores, seguir cometiéndolos y reivindicarlos. Es haber creído, no creer ya. Es poder matar y
abolir la pena de
muerte. Es conocer con los ojos
cerrados lo que ocurre en
el gran núcleo negro, en el interior de la
gran costra negra que
recubre la Tierra desde el Pacífico norte hasta Ucrania. Pues el saber de ese acontecimiento inmóvil, no lo
tiene la derecha sino la izquierda. El conocimiento de este horror del
hormigueo del pueblo privado de
pensamiento bajo la costra negra, es conocimiento de izquierdas.
Ved qué difícil es decirlo, desafía las
palabras, es lo más difícil de
decir, es también una
palabra venidera que, por sí
sola, diría la esperanza
aniquilada y presente.
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