A veces piensa él, ahora que ya está grande y que comienza a tener uso de razón, que no debía haber hecho muchas cosas que hizo. Lo piensa nada más por encimita. Pues cuando tú le dijiste aquello de que no había que pedir perdón ni arrepentirse de nada, él estaba de acuerdo contigo, pues sabía que el significado de eso era que no se debía hacer nada por lo cual tuviera uno que pedir perdón o arrepentirse después.
Ese muchacho del que te estoy platicando despilfarró lo que le dejaron (porque al fin de cuentas sí le dejaron algo). Quiso hacer reales sus sueños y se fue a vagabundear. Y es que esa cosa tiene: siempre le ha dado por hacer verdaderos sus sueños, y por eso yo digo que está loco. Y bien, se echó a vagar durante algún tiempo. Quería conocerlo todo, verlo todo. Y después volvió ya cuando estaba cansado. Y nadie le dijo nada. Entonces no tenía ya a nadie para que lo regañara. (Ahora sí tiene ya otra vez quien lo regañe). Y por eso creyó que no había hecho mal al gastar el dinero recorriendo lugares y conociendo sitios raros. En realidad, no había hecho nada malo; pero tuvo que ponerse a trabajar. Bien pudo haberse ido al rancho con sus hermanos, estarse allí algún tiempo y luego volver a las andadas. Pero era como tú, no le gustaban los ranchos ni los pueblos, sino que se sentía mejor en la ciudad. No se sabe cómo se puso a trabajar y pareció gustarle eso. Pero lo cierto es que no quería salir de la ciudad. Era como tú, se aferraba a los ruidos y a las calles llenas de gente y no quería conocer otro mundo.
Así fue mejor. Pues si se hubiera ido al rancho, jamás hubiera conocido una cosa que yo sé cuál es, y jamás de los jamases hubiera conocido el retrato de la alegría. Bueno, la historia es muy larga y voy a dar un brinco:
Vinieron los años buenos en que comenzó a ver acercarse un sueño. El mejor de todos. Grande y enormemente hermoso. Era una muchachita rete horripilante que levantaba la ceja para mirar a los seres despreciables que iban a su lado.
Así era desde lejos. Pero más cerca, cuando se veía todo lo que ella era claramente, cuando uno se asomaba a sus ojos, el cariño cegaba todas las demás cosas y uno ya jamás quería separarse de su lado.
Ese sueño que eres tú todavía dura. Durará siempre, porque siento como que estás dentro de mi sangre y pasas por mi corazón a cada rato.
Me dices muchas malas palabras en tu carta. Cosas como esa de que te vas a morir de tanto enflaquecer. Pero no es cierto. Nadie mejor que yo sabe que te sobra mucha vida, pues yo también vivo de esa vida que tú tienes. Por eso no lo quiero creer. Sin embargo, pórtate bien con Clara, acuérdate que hay alguien que la quiere más que tú.
Además, me cuentas que te estás haciendo fea (siempre ha sido ella rete fea). Pero, ¿acaso no sabes que existe un Purgatorio lleno de llamas a un paso nada más de la condenación eterna, para las muchachitas que dicen mentiras?
Maye: Yo creía que este destierro en que vivo no iba a ser tan difícil. Quisiera encontrar las palabras para explicarte cuánta falta me haces y cómo quisiera que se acortaran los días para que pueda estar junto a ti. No, nunca creí que el amor que te fuera a tener me atormentara tanto. Ahora me conformo con tus cartas, con esos pedacitos de tu pensamiento, y beso tu nombre y las palabras allí escritas con tus manos tan dulcemente queridas.
Pero sé cuán poco falta para que ya no me conforme con eso y que tal vez, de pronto, deje todo cuanto me detiene aquí para ir a verte.
A veces, cuando pienso en eso, me digo: Juan, sé razonable. Pero, ¿acaso se puede ser razonable con el cariño que te tengo? Y una voz allá adentro responde: Sí, se puede. Ella quiere que lo seas. Quiere que aprendas de responsabilidades todo cuanto se puede aprender:
Claris:
Estas pláticas que yo tengo con mi conciencia son a veces muy largas, duran días enteros; por eso no resulta que me ponga a contártelas en esta pobre carta. De verdad, cuídate mucho, come y duerme bien y sueña con los angelitos y no en esta cosa maligna que soy yo.
Pero no me olvides.
Y que siempre seas igual, chachinita adorada.
Juan
Querer que nunca termina
No hay comentarios:
Publicar un comentario