cuando él murió supimos que todo había comenzado
después todo ya había muerto.
A. llora su hermandad oscura y cubierta de tierra con hijos por abrazos de aceptación. Ella sabe, es la única que sabe y soporta hasta el final sin despejar la mirada de sol, se protege con su princesa que ama tanto como a las estrellas y como se ama a una flor recién nacida de cuidados, sonidos, fuerza y caricias.
Nunca habían visto una, nunca habían cuidado una, nunca había brillado con ellos una.
La muerte llegó, después ella, luego él
el cielo se cubrió de negro hoy y sólo una hermosa estrella brilló y a sus pies una flor.
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