
Y cuando nuestros defectos son los de nuestras cualidades
Los componentes del incógnito son ya de por sí dialécticamente dobles
Inquietud con tal vez ganas de no volver, embriagada de cuando el mundo habla y responde sin fantasmas, para darle su turno oportuno al silencio, cuando todo es grande y el café sabe a café, el cielo se quiebra de transparencia a cada paso y la suavidad del aire permite pulsar transcurriendo y curando el dolor añejo, cuando las flores son una causa de los deseos y se duerme con la noche y en el cielo profundo de energía brillante y surge una concepción dulce y otra y otra pasión de instante, donde nada basta y no es suficiente donde la sombra reposa en mi cuerpo y no en otro lugar, donde la voz se agita en el mundo de emoción y me guía en cada uno de mis sentidos diciendo y sobre todo respondiendo, porque no está en deuda propia de historia y época, es por eso que vuela, flota y el amor es amor y no otra cosa y la pasión sabe a pasión y no de otra cosa o de otro momento, no espera ni busca, acude, no lucha porque sabe lo que es ser heredero de guerras, propone, incita, excita y respira con intensidad de compañía invitando a épocas nuevas igualmente de una reconciliación con una libertad a la par; de pronto uno se descubre ahí , estallando en la libertad de costumbres y dicha libertad penetra con gran fuerza en todo.
L a última noche desperté por primera vez en la madrugada con la voz de la mujer que gritaba “él es el tercero” desperté miré la ventana y su cristal que había sido reparado por su quiebre un día antes, acto seguido note la presencia de K que despertaba por mi agitación, me abrazó y pude descansar a partir de ahí, pues no sólo busqué la voz, sino noté y me abrazó su presencia, ya sin ecos, sin ecos desperté y salió el sol.
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