Tal vez esto es lo que estorba y lo que menos importa, con todo y todo:
Te amo con un amor sublime y brutal, no tengo miedo de ninguna cosa, ni del encarnar, ni de los espacios, ni de las soledades, de los abandonos, ni de las derrotas, ni de la muerte antes de la muerte, ni de la locura y la ausencia, es que te amo y me estremezco cuando te escucho en las olas del mar, tu risa desbordada de placer e inmensamente encantadora, en los susurros del viento, en mi desconocimiento, en mi abandono, en tu sufrimiento, cuando no entiendo y me dejo, te amo, ahí donde no tienes respeto y trepas por los aires, cuando logras, cuando has dejado encerradas a las aves, al sol y a las estrellas en una cavidad fría y oscura, ahí donde te pierdes del sonido de ti mismo para después escucharte en un camino irreversible, ahí también te amo cuando regresas y me cuentas lo que has encontrado, en tu piel, en los colores, en tus ojos, en la luna, a través del odio, impotencia de la coherencia y conciencia de este mundo ahí cuando designas, sin mí, me asusto y revoloteo contra el viento y tu propio aliento. Aun así te amo y me desmorono en tu hablar, también ahí donde te amo e incluso cuando trato de designar en un decir como éste lugar, que no me alcanza…ahí me diluyo junto con las gotas saladas que me arrebatan las palabras y te hacen dudar si estoy ahí. Te amo y no siento más, pues reina en su existencia propia, incluso en las muertes de su consumación carnal. Me inundo de una inmensa emoción como en un incesante devenir, no hay prehistoria, no hay ninguna palabra escrita antes, como si nunca antes te hubiera amado. Te amo y en tal suceso estoy presente.
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