mayo 04, 2009

NO TIENEN NADA QUE DECIRSE

Es el bosque, a través del mojado y empañado cristal, con una música abominable representando el pasado

C. desde sus sueños sin un más allá puede admitirlo, aceptar que está libre en esos sentimientos.

La observa con ojos de amor, no hay escenario- para ella se ha borrado- no hay contacto, no quiere nada. C. no es nada ya para ella.

Para C. el escenario es profundo, flotando en movimiento y congelado por su mirada.
Entre sus dedos y palmas desde sus sueños ha dejado suspiros impregnados de llanto y anhelos, murmurando. Para ella:

El recorrido del negro al café, siniestro fuego son sus ojos, que lo llenan, que inundan su vida, todo de terreno virgen ella le muestra y a él, le duele, le duele esa su ternura que hace amarla y desearla profundamente, a ella, sólo a ella, pero impregnada con el miedo de perderla, él cree en el tiempo, en el escenario, en la música de fondo y en el color de sus ojos.

Ella ya desde hace tiempo en su dulce y sublime desvanecer, que se ha despedido tendiendo sus ojos de niña con una despedida absoluta.

C. vuelve a creer en la ternura que bordea la soledad de ella; pues su ausencia ya es casi completa.

Ella, entre sombras desgastadas, sabe que no fue capaz de amarlo. Ella se ha ido ya.

La música y la luz siguen sonando, refractando el escenario.

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