Es él sí, sí, sí, se han borrado las huellas venenosas de mis obstinaciones, tras los párpados agitados; ya no es necesario prender la luz… la oscuridad ha huido acompañando al ladrón con ese movimiento negro. Tu mirada dibujó el sueño tiñéndolo de blanco en primicia de paz, con la luna detrás del árbol y tú, derramando una sonrisa, con el reflejo luminoso de la voz abriéndose infinitamente en un campo más amplio, haciéndose escuchar, disipándose en su propio eco de ella, de ella, de ella...
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