Hoy recordaba esa escena tan espantosa, que se ha reproducido por años algunas veces encarnándose y otras tantas descarnando en lagrimas,- mis grandes gotas de histeria regocijándose en la evaporación de su propio dolor gozando en ausencia, brotando del lugar más mancillado de mi cuerpo-esa figura arcaica amenazando con irse y nunca más regresar, el arrancar del auto tras la puerta, para arrancar entonces la conversión de una semana en un instante para el siguiente encuentro, esperando el sonido del signo por llegar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario