Sólo puedo pedir disculpas, por poner esto aquí, pero es mi única forma de convertir un trocito de lo que me fascina y delira, en cadáver-ella-amor- él- agradezco que esté muerta, debió haber sido tratada como una sibarita, ya han de saber de quién hablo M. Duras..."el mal de la muerte"
"él, no sólo llora"/"él, no soy yo ahora..."
Todo ocurre frente a ese suspiro de vida llamado mar y es ese mar interior situado entre el sudeste de Europa, el Cáucaso y la península de Anatolia, en Asia occidental conectado al Mediterráneo...también es justo ese dónde uno no desearía, que el instante, jamás observara la luna roja sobre el mar .....
"Debiera no conocerla , haberla encontrado en todas partes a la vez…
en usted mismo, en usted, en ti, al capricho de tu sexo enhiesto en la noche que grita por un cobijo, por un lugar en el que desprenderse de los llantos que lo colman.
Probar el amor…
Ella llegaría con la noche. Llega con la noche
Toda la noche usted la mira…
Ella casi no habla…
confunde entre creer estar solo y por el contrario llegar a estarlo, añade: Como con usted.
El mar ¿dónde está?
Allí, detrás del muro de la habitación.
Duerme con el rostro en lo alto de sus piernas separadas, contra su sexo, ya en la humedad de su cuerpo…Usted la hace gozar y ella grita.
Se despierta.
Le mira.
Dice: El mal se apodera siempre más de usted, se ha apoderado de sus ojos, de su voz.
Tampoco nunca sabría usted nada, ni usted ni nadie, nunca, cómo ve ella, qué piensa ella de usted y del mundo, y de su cuerpo y de su espíritu, y de ese mal que ella dice que la invade…
Porque no sabe nada de ella diría que ella no sabe nada de usted. Se empeñaría en ello.
Es demasiado, el tiempo ya no encuentra por donde pasar. El tiempo ya no pasa. Usted se dice que ella debería morir…
Ya no mira usted. Ya no mira nada más. Cierra los ojos para reconocer en su diferencia, en su muerte.
Usted no conoce sino la gracia del cuerpo de los muertos, la de sus semejantes.
Descubre que es ahí, en ella, donde se cultiva el mal de la muerte, que esta forma ante usted desplegada la que decreta el mal de la muerte.
Ella está llena de usted mientras duerme.
A ella no se le puede amar, no se puede de ninguna manera…sí por la culpa de esa insipidez de esa inmovilidad de su sentimiento.
No sabía que la muerte podía vivirse.
No se puede amar la muerte si le viene impuesta desde fuera, usted cree llorar por no amar.
Usted llora por no imponer la muerte.
Usted sigue hablando, solo en el mundo como usted desea.
No quiere nada de la forma en que usted, usted sí sabe, con esa certeza que proviene de la muerte, esa monotonía irremediable, igual a sí misma cada día de su vida, cada noche, con esa función mortal de la falta de amar.
Ya es de día, todo va a empezar, excepto usted. Usted, usted no empieza nunca.
Un día ella ya no está
Su súbita ausencia confirma la diferencia entre ella y usted.
No podría encontrarla porque en la luz del día no reconoce a nadie.
No la reconocería. No conoce de ella más que su cuerpo dormido bajo sus ojos entreabiertos o cerrados.
Cuando usted lloró, fue sólo por usted y no por la admirable imposibilidad de alcanzarla a través de la diferencia que les separa.
Con todo así pudo usted vivir este amor de la única forma posible para usted, perdiéndolo antes de que se diera."
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